Uno de cada tres latinoamericanos quiere emigrar y la mitad rechaza la llegada de inmigrantes a su país, según el Informe sobre Democracia y Desarrollo 2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) difundido este lunes.
El estudio, que dedica un capítulo extenso a la movilidad humana como termómetro de las fracturas políticas y sociales del continente, refleja la situación de una región que provoca la salida de su población a ritmo creciente y -a su vez- se niega a recibir a los que llegan de otros países vecinos.
En esta línea, el trabajo del organismo revela que la intención de emigrar ha crecido de forma sostenida en las dos últimas décadas: en 2004, el 21 % de la población de la región declaraba querer irse a vivir o trabajar al extranjero en los próximos tres años; en 2023 esa proporción había escalado al 32 %.
En algunos países, ese porcentaje supera ampliamente la media regional: Haití lidera la lista con el 74.6 % de su población con intención de emigrar, seguido de Jamaica (54.3 %) y Surinam (45.7 %).
El PNUD vincula directamente estos números con el desencanto institucional, ya que el aumento de la intención de emigrar ha ido acompañado del aumento de la insatisfacción con la democracia y de una percepción creciente de deterioro económico.
Pese a que la región es también receptora de una migración masiva, la acogida ciudadana es mayoritariamente negativa. En 2024, el 51.4 % de los latinoamericanos consideraba que la llegada de inmigrantes a su país era perjudicial.
Rechazo a la inmigración
El estudio advierte de que este rechazo alimenta a su vez la polarización política, ya que una parte del discurso público se construye sobre la criminalización de los migrantes, reforzando la lógica del «nosotros contra ellos» que mina las bases del contrato democrático.











