Un agujero redondo en el omoplato de un neandertal cuyos restos parciales fueron desenterrados en la cueva de Shanidar, ubicada en el Kurdistán iraquí, puede ser la prueba del ejemplo más antiguo conocido, en el registro fósil de los homininos, de un individuo muerto como consecuencia de que otro le clavase una lanza de madera.
La marca delatadora de la herida mortal infligida por la lanza ha sido analizada a fondo por un equipo encabezado por Emma Pomeroy, de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido.
El omoplato del neandertal (un hueso ancho y plano, tan delgado en algunas zonas que se vuelve casi translúcido al trasluz) permaneció casi intacto (salvo por la perforación circular de 15 milímetros de diámetro) bajo siete metros y medio de piedra y sedimentos durante unos 75 000 años.
Según los análisis, el citado agujero fue causado por una lanza de madera afilada. Una punta de lanza de sílex o piedra habría dejado, en cambio, un orificio plano o anguloso.
La lanza penetró en la cavidad torácica izquierda por la parte frontal y atravesó el cuerpo, afectando a un pulmón y, probablemente, a arterias importantes, antes de perforar el omoplato izquierdo. La herida provocó una muerte rápida. Los investigadores sugieren que el lanzazo mortal pudo haber sido asestado de manera deliberada, con la intención de matar, al estar dirigido hacia el corazón.
La estructura de los bordes del orificio es característica de una herida de salida. El equipo halló pequeños fragmentos óseos desplazados por el arma; su disposición indica que la lanza entró desde arriba, siguiendo una trayectoria descendente. Incluso lograron reconstruir parte del orificio utilizando estos fragmentos.
En esta fotografía tomada a corta distancia, se aprecia claramente el agujero dejado en el omoplato por la lanza. (Imagen: University of Cambridge)
Aunque la muerte por lanza del individuo cuyos restos han sido analizados pudo deberse a la voluntad de matarle por parte de quien blandía la lanza, no puede descartarse que quien lanceó a la víctima no tuviera intención de agredirle; tal vez lo sucedido fue un accidente de caza, acaecido cuando varios cazadores intentaban lancear a un animal de gran tamaño desde direcciones diferentes tras haberle rodeado.
De todos modos, Pomeroy sospecha que no fue un accidente sino un asesinato. Para hacer esa afirmación se basa en que hay varios indicios sospechosos. Esencialmente, la posición de la herida y la fuerza física requerida para hacer que la lanza atravesara el cuerpo de la víctima, apuntando con precisión a su corazón, sugieren que el acto fue deliberado, y con la intención de causar la muerte al sujeto.
Nada se sabe del posible móvil para ese aparente asesinato ni de las circunstancias que lo rodearon. En cuanto al atacante, este pudo ser un humano anatómicamente moderno o bien otro neandertal. Los autores del estudio creen que el agresor fue otro neandertal.
El estudio se titula “Evidence for funerary behaviour and lethal trauma in a new Neanderthal individual from Shanidar Cave”. Y se ha publicado en la revista académica Scientific Reports. (Fuente: NCYT de Amazings)











