La Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF) inició este martes una nueva fase de su despliegue en el centro de Puerto Príncipe, donde sus equipos comenzaron a patrullar junto a la Policía Nacional de Haití (PNH) como parte del proceso para asumir progresivamente las labores de vigilancia en sectores de la capital.
Durante los primeros recorridos, los integrantes de la FRG acompañaron a agentes de la Policía para familiarizarse con las áreas y con las zonas que habitualmente son aseguradas por las unidades policiales haitianas.
Un video dado a conocer por la entidad en sus redes sociales muestra zonas destruidas y asoladas por la violencia. Los agentes de la GSF y la Policía se desplazan un vehículo todoterreno. Escombros, barricadas en calles, casas abandonadas y destruidas es parte de lo que se observa. También demarcaciones abandonadas y, en otras, pocas personas caminando. En los alrededores hay mucha basura.
El material, que no tiene audio, no especificó los sectores de Puerto Príncipe donde patrullaron.
La transición permitirá que, de manera gradual, efectivos de la PNH puedan ser redistribuidos para apoyar las operaciones de seguridad en Kenscoff, una comunidad ubicada en las montañas que rodean Puerto Príncipe y que recientemente fue escenario de uno de los ataques más sangrientos registrados en Haití.
Masacre dejó al menos 47 muertos
La necesidad de reforzar la presencia de las fuerzas de seguridad quedó expuesta nuevamente tras el ataque ocurrido durante la noche del 23 al 24 de agosto en Kenscoff, donde al menos 47 personas fueron asesinadas, entre ellas tres niños y dos niñas, según información verificada por Naciones Unidas.
De acuerdo con la ONU, unos 150 hombres fuertemente armados irrumpieron en varias localidades cercanas al centro de Kenscoff y dispararon contra personas que intentaban escapar de la violencia.
Al menos 13 personas murieron mientras trataban de huir por las calles. Posteriormente, los atacantes persiguieron a residentes que habían buscado refugio en una iglesia protestante.
Según la información presentada por Naciones Unidas, los agresores obligaron a salir del templo a quienes se habían refugiado allí y posteriormente ejecutaron a 22 personas en el patio de la iglesia y mataron a otras 12 en la parte posterior del templo. Sesenta personas fueron tomadas como rehenes, de las 13 fueron liberados.












