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La fauna colombiana del Mioceno era más peligrosa de lo creído

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Sudamérica durante el Mioceno tenía lugares aterradores. Hace más de diez millones de años, en las orillas de un gran lago, en lo que hoy es Colombia, una amplia gama de depredadores tenía su coto de caza predilecto. Entre estos depredadores figuraban anacondas, mamíferos con dientes parecidos a sables, aves incapaces de volar pero tan peligrosas como para merecer hoy en día el apodo de “aves del terror”, así como sebécidos (parientes evolutivos de tierra firme de los cocodrilos, los caimanes y otros cocodrilianos).

 

Un estudio reciente muestra que los cocodrilianos eran, de hecho, el grupo de depredadores más importante en este hábitat.

 

El estudio lo ha realizado un equipo encabezado por Oscar E. Wilson, de la Universidad de Helsinki en Finlandia.

 

Lo descubierto en este estudio revela, entre otras cosas, que los cocodrilianos destacaban por su capacidad cazar presas de gran tamaño corporal.

 

En las orillas del lago habitaba una amplia gama de herbívoros: perezosos gigantes de tierra (no arborícolas), gliptodontes (parientes evolutivos de los armadillos) y varios grupos de ungulados. Los ungulados de esta época y lugar podían llegar a pesar bastante más de una tonelada.

 

Pero los depredadores también eran gigantes. El mayor depredador de este escenario era un crocodilio de siete metros de largo y 1800 kilogramos, el Purussaurus neivensis, pariente evolutivo cercano de los caimanes modernos. En la cima de la cadena alimentaria, incluso pudo haber influido en el tamaño de las poblaciones de herbívoros, según sugiere el nuevo estudio.

 

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Un Purussarus neivensis atacando a un Pericotoxodon platignathus. La reconstrucción muestra una escena probable de la época, con el aspecto físico que seguramente tenían los individuos adultos típicos de esas dos especies. (Ilustración: Miguel Hernandez)

La investigación se basa en el análisis de fósiles conservados en colecciones de museos. Las marcas de mordeduras y otros indicios dejados por los depredadores en los fósiles de herbívoros son la única evidencia directa de interacciones entre especies. Los fósiles examinados tienen entre 10,5 millones de años y 16 millones.

 

«La frecuencia de las marcas que probablemente dejaron individuos de la especie Purussaurus neivensis sugiere que esta especie era un depredador importante en estos ecosistemas tropicales», comenta Wilson.

El estudio se titula “Physical evidence of crocodylian predation on ungulates in the Middle Miocene of Colombia”. Y se ha publicado en la revista académica Journal of Vertebrate Paleontology. (Fuente: NCYT de Amazings)