Artículo

Rasgos genéticos de las antiguas civilizaciones andinas

10 views

Un equipo internacional de investigadores, entre los que se encuentra la Universidad de Adelaida, ha completado el primer estudio a gran escala del ADN perteneciente a los antiguos seres humanos de los Andes centrales de Sudamérica y ha encontrado diferencias genéticas tempranas entre grupos de regiones cercanas, así como una sorprendente continuidad genética a lo largo de miles de años.

En el estudio, publicado en la revista Cell, los investigadores analizaron el ADN de 89 humanos antiguos que vivieron en los Andes centrales entre 500 y 9.000 años atrás, y lo compararon con la diversidad genética de los ocupantes actuales, para arrojar luz sobre los cambios genéticos a lo largo del tiempo. Los restos antiguos incluían 65 humanos nunca antes estudiados.

El profesor asociado Bastien Llamas, del Centro Australiano para el ADN Antiguo de la Universidad de Adelaida, que formó parte del equipo de investigación, dice que hay muchas preguntas sin respuesta sobre la historia de la población de los Andes centrales y, en particular, de las sociedades a gran escala que vivieron allí, entre ellas la Inca, la Tiwanaku, la Moche y la Wari.

«Sabemos por las investigaciones arqueológicas que la región de los Andes centrales es extremadamente rica en patrimonio cultural, sin embargo hasta ahora nunca se ha estudiado la composición genómica de la región antes de la llegada de los europeos», dijo.

«Si bien los registros arqueológicos juegan un papel a la hora de conectar las culturas, el estudio del ADN antiguo puede proporcionar una imagen más próxima y detallada.

[Img #60374]

Machu Picchu. (Foto: Pixabay)

«Por ejemplo, la información arqueológica puede hablarnos acerca de dos o tres culturas de la región, y al final quién estuvo primero allí, pero el ADN antiguo puede informar acerca de las conexiones biológicas reales que subyacen a la expansión de las prácticas culturales, los idiomas o las tecnologías».

En el estudio, los investigadores encontraron que las diferencias genéticas entre los pueblos de las Tierras Altas Andinas centrales y las regiones costeras estaban en su lugar ya hace 9.000 años; con una subestructura norte-sur de las Tierras Altas desarrollándose hacia 5.800 años antes del presente. Estas diferencias todavía son aparentes en las personas que viven en esas áreas hoy en día.

Después de hace 5.800 años existen evidencias de mezcla genética, indicando el movimiento de los pueblos de las Tierras Altas entre el norte y el sur, las regiones centrales y costeras. Sin embargo, las migraciones parecen disminuir hace 2.000 años, con cambios mínimos en la estructura genética de la región andina central entre hace 2.000 y 500 años.

«Esto fue bastante sorprendente dado que en este período se produjo el surgimiento y la caída de muchas culturas andinas de gran escala, como Moche, Wari y Nasca, y sugiere que estos imperios implementaron una dominación cultural sin mover ejércitos», dijo el profesor asociado Llamas.

Hubo dos excepciones a la ralentización de la migración, y estas se dieron dentro de las poblaciones de Tiwanaku e Inca, cuyos centros administrativos eran en gran medida cosmopolitas, gente de diversas ascendencias que vivían una al lado de la otra.

«Fue interesante descubrir signos de movilidad de largo alcance durante el período Inca. La arqueología muestra que los incas ocupaban miles de kilómetros desde el Ecuador hasta el norte de Chile, por lo que cuando los europeos llegaron descubrieron un enorme imperio incaico, pero encontramos estrechas relaciones genéticas entre los individuos en los extremos del imperio», dijo el profesor asociado Llamas.

Participaron en el estudio científicos de ocho países y múltiples instituciones, entre ellas la Universidad de Harvard, el Instituto Max Planck y la Universidad de California en Santa Cruz. Los miembros clave del equipo eran de Bolivia, Argentina, Chile y Perú, donde se originaron los restos antiguos.

«El ADN antiguo es fascinante porque conecta literalmente a las personas del pasado y del presente, pero solo si nos comprometemos desde el principio y de forma continua con las comunidades y gobiernos locales, y con los académicos que trabajan estrechamente con estas comunidades, podremos realizar investigaciones que respeten el patrimonio cultural de las personas y proporcionen resultados verdaderamente significativos», dijo el profesor Llamas.

Llamas, que lleva más de 10 años estudiando el ADN antiguo en América del Sur, dice que el estudio ha ampliado las investigaciones anteriores, que proporcionaron un panorama general de todo el continente y de cómo llegaron las personas en las olas migratorias.

«Esperamos que este cuadro genético más detallado de las poblaciones del Altiplano Central Andino permita a los arqueólogos formular nuevas preguntas sobre la historia de la región y conduzca a nuevos aprendizajes culturales y fortalezca la colaboración con las comunidades locales», dijo.

 

 

 

(Fuente: NCYT Amazings)

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *